Wednesday, November 29, 2006

APROBADA LA PRIMERA VACUNA CONTRA EL CANCER DE ÚTERO


¿Te imaginas un futuro en el que, al igual que ocurre con el sarampión o la polio, existieran vacunas capaces de inmunizar a tus hijos frente al cáncer? Una de esas vacunas es ya una realidad, y frente a uno de los tumores más letales para la mujer: el cáncer de cuello de útero o cáncer cervical, el segundo que más muertes se cobra en el mundo, tras el cáncer de mama. Recién aprobada por la Agencia Europea del Medicamento (EMEA) para su administración a menores de nueve a 15 años y a mujeres de hasta 26, la vacuna Gardasil (de Sanofi Pasteur-MSD) podría evitar la muerte de más de 250.000 mujeres al año en el mundo, además de ingentes cantidades de temor, sufrimiento y frustración derivadas de diagnósticos certeros o dudosos; cirugías mutiladoras, quimioterapias y otros tratamientos oncológicos o la propia evolución dolorosa de la enfermedad avanzada.

Monjas y prostitutas fueron cruciales en el detectivesco camino que ha conducido a la primera vacuna capaz de combatir un cáncer en la historia de la medicina. ¿Por qué monjas y prostitutas? Porque, por primera vez y hace más de 160 años, ambos grupos de mujeres ayudaron a un médico genovés a intuir –las primeras gracias a la ausencia de casos en los conventos y las segundas por la alta frecuencia de los mismos en los prostíbulos— que el cáncer de cuello de útero podía tener algún tipo de conexión con las relaciones sexuales.

Más de siglo y medio de elucubraciones e investigaciones después hicieron falta para descubrir la auténtica relación causa/efecto: que dicho tumor es consecuencia de la infección con algunas variedades del virus del papiloma humano (VPH), la enfermedad de transmisión sexual más común en el mundo. Tanto, que el 85 por ciento de las mujeres se infecta con VPH en algún momento de su vida, a menudo al poco de iniciada su vida sexual.

Seguramente disponible en España a finales de este año, Gardasil ha demostrado un cien por cien de eficacia contra dos tipos de virus del papiloma humano (los VPH 16 y 1Cool que provocan el 70 por ciento de los cánceres de cuello de útero y contra otros dos tipos (6 y 11) causantes de más del 90 por ciento de las verrugas genitales. Investigaciones aún más recientes buscan incluso comprobar si dicha vacuna protege también frente a cánceres vaginales y vulvares asociados a la infección con VPH.

«Afortunadamente, la gran mayoría de los tipos de VPH (hay más de 120) no están ligados al cáncer», explica el doctor José María Bayas, consultor y responsable del Centro de Vacunación de Adultos del servicio de Medicina Preventiva del Hospital Clinic de Barcelona. «Incluso cuando la infección se debe a virus oncológicos, el organismo de la mujer la supera espontáneamente casi siempre. En apenas un cinco por ciento de los casos esa infección se hace crónica. Si el virus es de los agresivos, puede acabar generando lesiones precancerosas y, finalmente, cáncer invasivo. Lamentablemente, cuando se llega a esa situación, el pronóstico no es de los mejores.»

«Si hay un virus, puede haber una vacuna», pensaron hace más de 25 años investigadores como el doctor Xavier Bosch, jefe del servicio de Epidemiología y Registro del Cáncer del Instituto Catalán de Oncología (ICO), uno de los primeros en estudiar la relación VPH-cáncer de cuello de útero. Esos largos años de investigación acaban de dar su fruto en una vacuna preventiva (no curativa).

Tanto Gardasil como Cervarix, la otra vacuna contra el cáncer de cuello de útero (de GlaxoSmithKline), que se cree estará disponible el año que viene –también con un cien por cien de eficacia frente a los tipos 16 y 18 y quizá frente a otros dos tipos oncológicos de VPH adicionales, pero que no protege frente a las verrugas vaginales–, podrían evitar la aparición de más del medio millón de casos nuevos de cáncer de cérvix que se producen cada año en el mundo, el 85 por ciento de los cuales se diagnostica en los países en vías de desarrollo. Los expertos calculan que, de seguir la tendencia como hasta ahora, para el año 2020 el número de nuevos casos anuales podría sobrepasar el millón.

Y es que si las citologías (o pruebas de Papanicolau) regulares son un parapeto insustituible frente al tumor en los países ricos –«porque permiten detectar anomalías celulares y lesiones precancerosas de cuello de útero antes de que degeneren en cáncer invasivo», explica el doctor Bosch–, este tipo de cáncer sigue siendo la primera causa de muerte en las mujeres del Tercer Mundo. Un estudio publicado en el Reino Unido en 2004 reveló que si no fuera por las citologías, una de cada 65 mujeres nacidas en Europa después de 1950 habrían muerto por cáncer de cuello de útero.

Rumores invasivos fulminantes capaces de provocar hemorragias uterinas masivas, e incluso de destrozar el intestino, son, como en la época de nuestras tatarabuelas, causa de enorme sufrimiento, sobre todo en los países en los que programas nacionales de prevención con citologías rutinarias son una utopía. Incluso en Europa, las formas más agresivas de la enfermedad provocan más de 40 muertes al día. Sólo en España generan unos 2.000 casos nuevos y unas 900 muertes al año. Esa baja incidencia comparativa no llega sin cobrarse su propio precio. Como explica Xavier Bosch, «los cánceres de útero invasivos en Occidente son apenas la punta de un iceberg que oculta en su base un número enorme de citologías sospechosas, lesiones precancerosas, biopsias repetidas y tratamientos que tienen un enorme costo emocional para las pacientes y generan grandes gastos sanitarios». Teresa Cabo, de 27 años, es un ejemplo. «Desde que me descubrieron una lesión precancerosa viví una pesadilla de nervios, miedo, biopsias, revisiones, una histerectomía que me impide tener hijos… No se lo deseo a nadie, aunque por suerte me han dicho que ya estoy curada.»

La vacuna puede ahorrar todo ese dolor a las niñas y adolescentes –las primeras destinatarias de Gardasil o Cervarix– que no han iniciado su vida sexual y, por tanto, no se han contagiado aún con los tipos 16 y 18 del virus. Incluso podrían evitárselo a mujeres que han comenzado a tener relaciones sexuales, pero que no están infectadas con los dos tipos de virus señalados (o con uno de ellos, porque quedarían protegidas frente al otro tipo)».

¿Dicho y hecho? ¿Cree que existiendo un arma eficaz contra el cáncer todos los grupos de riesgo se van a apresurar a exigirla? La vida no es tan sencilla en el mundo de los fármacos. Ya se han alzado voces y han lanzado furibundas campañas contra Gardasil y Cervarix (en especial desde sectores ultraconservadores de EE.UU.), con el argumento de que administrar la vacuna a niñas es tanto como empujarlas al sexo precoz. Frente a esas voces, asociaciones de padres han contraatacado diciendo que se niegan «a dejar desprotegidas a nuestras hijas cuando la edad real media de inicio en el sexo es de 15 años en Norteamérica» (de 17 años en España) y añaden el argumento de que «cuando damos la vacuna antitetánica a nuestros hijos, no les decimos que pueden ir a caminar sobre clavos oxidados».

Ajenos (pero no sordos) a esa polémica, expertos de los dos lados del océano proponen dar la vacuna como parte del programa de vacunación infantil obligatoria (lo que diluiría la relación con el sexo), y ello tanto a niños como a niñas. «Ya están en marcha estudios para ver si vacunar a los varones es una buena idea –declara Xavier Bosch–. Aunque, obviamente, ellos no padecerán cáncer de cérvix, sí pueden contraer verrugas genitales (condilomas) y también desarrollar cánceres anales y de pene relacionados con infección por VPH. Además, vacunar a los chicos puede romper la cadena de transmisión del virus, y, finalmente, proteger a las mujeres. También, si se vacuna a un número suficiente de niños y niñas, el número de biopsias cervicales y otros procedimientos invasivos empezaría a disminuir gradualmente.» En cambio, como la vacuna no inmuniza frente a todos los tipos de VPH oncogénicos, las mujeres tendrán que seguir sometiéndose a exámenes ginecológicos y citologías en el futuro próximo, «aunque probablemente con menos frecuencia a medida que la vacuna deje ver sus efectos preventivos», aclara.

En lo que todos los expertos coinciden es en que «el mayor escollo para que la vacuna llegue a quienes más la necesitan es el precio», de unos 300 euros (para el total de tres dosis que componen Gardasil y que deben aplicarse en un plazo de seis meses). Las propias compañías farmacéuticas reconocen que «es improbable que los países pobres paguen por ella lo mismo que los ricos». Afortunadamente, hay iniciativas. La Fundación Gates ya ha anunciado que va a dedicar 25 millones de euros en cinco años para ver si puede llegar a un número significativo de mujeres. La Organización Mundial de la Salud y varias ONG estudian vías inéditas de financiación y distribución. Ian Frazer, director del Centro de Inmunología e Investigación del Cáncer de la Universidad de Queensland (Australia), uno de los padres de la vacuna, no ha dudado en reunirse con altos ejecutivos de las compañías productoras para convencerlos de que la vendan a un precio más asequible en esos países y afirma que ha tenido «una respuesta favorable. Naciones con economías muy débiles, como las de la región Asia/Pacífico (que acumula la mitad de los casos de este tipo de cáncer del mundo), tienen pocas probabilidades de dar prioridad sanitaria a una vacuna cuyos beneficios no se verán hasta dentro de 20 años –explica el investigador australiano–. Sin embargo, sería imperdonable perder la oportunidad. No podemos quedarnos con los brazos cruzados».


¿Quién lo descubrió?


Harald zur Hausen. Fue el primero en advertir que el virus VPH era el responsable de la presencia de tejidos cáncerígenos en el útero.

«Me habría gustado que la vacuna hubiera llegado antes, pero cuando hablé con varias compañías farmacéuticas en los años 80, no mostraron interés. Consideraban que no había un gran mercado para estos productos y declinaron mi propuesta.» A pesar de estos reproches, Zur Hausen se muestra, a sus 69 años, feliz de que la vacuna contra el virus del papiloma humano llegue por fin. Este profesor alemán no ha participado directamente en el desarrollo de ninguna de las vacunas, pero se siente parte importante del proceso. «Todos los tipos de virus que están utilizando se originaron en nuestro laboratorio. Aquí aislamos por primera vez el virus, lo caracterizamos y lo ofrecimos a las farmacéuticas», reclama. En la actualidad, Zur Hausen se dedica a investigar sobre linfomas y leucemia en los niños.

¿Quién lo hizo posible?


Nubia Muñoz. Sus estudios confirmaron que las sospechas de Zur Hausen eran ciertas y abrieron el camino hacia la vacuna

«Cuando Zur Hausen habló con la industria, los estudios epidemiológicos estaban empezando. Es lógico que no se embarcaran en algo tan costoso sin una evidencia en los humanos.» Esta colombiana de 62 años lleva media vida investigando el cáncer de útero y fue la encargada de verificar los descubrimientos de su colega alemán. Su trabajo al frente de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), en Lyon, abrió el camino hacia la vacuna. «Nuestros estudios, con miles de mujeres de todo el mundo, determinaron que el VPH estaba en el cien por cien de los cánceres uterinos; también identificamos una mayor incidencia entre las mujeres que toman anticonceptivos, las fumadoras y las que han tenido más de cinco embarazos.» Hoy trabaja para Merck y ha coordinado el desarrollo de la vacuna Gardasil.

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Guerras (fantasia)

La tensión se respiraba en aquellos dos países, las bromas parecían haberse acabado y por las calles desfilaban sombras con la cabeza gacha y los brazos caídos. Los bares se llenaban, pero en vez de tener el acostumbrado jolgorio y revuelo, estaban cubiertos de silencio, roto únicamente por algún pobre diablo, que ebrio comenzaba a gritar contra el gobierno hasta que una de las múltiples patrullas acudía a devolver el silencio. Ambos países se encontraban en una situación parecida, y ambas poblaciones se sentían oprimidas y temerosas. El conflicto había surgido mucho tiempo atrás y el desenlace se iba acercando a pasos agigantados.

Todo había comenzado por una disputa de límites, de fronteras comunes mal definidas. Las prósperas minas de la región central, que habían comenzado siendo comunes, comenzaron a producir menos, por lo que no se podían cubrir las necesidades de ambos países, que comenzaron a tratar de hacerse con el máximo número de ellas. Aquello desembocó en comunicados hirientes de ambas naciones, manifiestos nacionalistas y todo tipo de protestas ciudadanas de la zona, que veían como cada semana uno de los países reivindicaba sus tierras. La situación se había ido descontrolando, y como una bola de nieve, había ido hinchándose con el odio acumulado tras muchos siglos de la rivalidad que suele acompañar a la cercanía.

Los periódicos hacían eco de las palabras de uno y otro presidente. Mordaces y sarcásticos, trataban de ganarse a su gente a la par que humillar al oponente. En las reuniones de los partidos, se revisaba lo que sucedía y se elaboraba una versión más acorde con sus objetivos para transmitir a sus ciudadanos, hasta que un día la situación fue insostenible y ocurrió lo que unos pocos deseaban y los demás temían. Un comunicado diplomático del país del Este hacía pública la declaración oficial de la guerra al país del Oeste. No por esperada la noticia fue menos sonada, e inmediatamente ambos países se revolucionaron. La gente fue hundida en el caos por los charlatanes de la televisión, que analizaban una y mil veces lo que en principio parecía el mismo hecho y las mismas acciones, pero sin embargo diferían por completo a uno y otro lado de la frontera. Llegó a su máxima expresión la política del miedo de los gobiernos, que clamaban una y otra vez las barbaridades de las que eran capaces los enemigos, y trataban de justificar así las suyas propias. La guerra estaba declarada y el desamparo de los ciudadanos se manifestaba en desolación y un generalizado sentimiento de tristeza, miedo y mucha ansiedad. Las calles ya aparecían desiertas, los bares cerrados y apuntalados y las patrullas policiales cuidaban el toque de queda impuesto para evitar eventuales “reuniones antipatrióticas”.

Entonces aquel fatídico día llegó. Los vencedores se harían con el poder en la zona e impondrían a sus habitantes todo su sistema económico, político y cultural, durante la historia reciente había sido así, una vez declarada la guerra, era todo o nada. Generalmente nada.

Los comandantes de ambos bandos ocuparon sus posiciones. Las mejores mentes que se ponían al servicio de los gobiernos eran educadas en juegos de guerra, y llegado el momento había un conjunto de estrategas listos para comenzar las batallas. Sentados delante de sus pantallas de plasma, ordenaban movimientos de tropas y naves con precisos movimientos de mandos, las dirigían cuando llegaban al combate, organizaban los suministros y animaban a sus soldados.

Cada uno contaba con una fracción del ejército, y según iban siendo derrotados, iban abandonando su puesto. Las balas no volaban en la realidad, y ningún hombre moría, los tanques eran una serie de bytes y los movimientos se controlaban por un simulador. Cuando el país del Este perdió a todos sus comandantes, la guerra finalizó.
Gritos de horror y desesperación ocuparon los salones cuando la televisión anunció el resultado de la guerra al país oriental, toda su vida, su forma de entender las cosas, su cultura….veían como se derrumbaba, dando paso a una cultura, un idioma, unas tradiciones…extranjeras. El peor sentimiento era el de impotencia. Ellos no tenían la culpa, y sin embargo se les iba a imponer un cambio radical de su existencia.

En una pequeña casa, un joven montó en cólera. La pequeña mesa a la que estaban sentados él y su abuelo sufrió el desahogo del adolescente (chocando contra la pared con estruendo, astillándose su esquina) que gritaba al televisor, como si éste pudiese oírle.
-¿Pero como es posible? Es que solo con oír una palabra de todo esto hace que me hierva la sangre, ¿qué culpa tenemos nosotros? Y sobre todo…¿por qué cojones se deciden las guerras por un método tan injusto?
El anciano suspiró, y lévantándose para volver a colocar la mesa en su lugar comenzó a responder con resignación.
-Tienes razón, yo tampoco entiendo como se puede jugar tanto, la forma de vida de tantas personas de una forma tan…tan…estúpida. Pero bueno, desde que decidieron olvidarse del diálogo, supongo que podría ser peor.
-¿Qué? Peor que esto es imposible. En el fondo te la juegas a que tus comandantes tengan un buen día, ¡es puro azar! Tendríamos que hacer algo, luchar, defender lo que creemos.
-¿Preferirías tener que tomar un fusil y salir a la calle a disparar?
-¡Sí!Si crees en algo debes defenderlo.
El anciano había borrado ya la expresión de serenidad de su cara. Las arrugas se pronunciaron y su gesto se volvió serio y casi desafiante.
-Hace tiempo las cosas las resolvían como tú has dicho. Si algo daba lugar a un conflicto, millares de hombres armados de uno y otro país, o incluso hermanos del mismo país salían a las calles, y “defendían” “sus ideas” a golpe de cañonazo y al son del retumbar de las minas antipersona.
¿Te parece esa una buena solución?Está claro que lo que hacemos ahora es completamente injusto y cruel, pero más cruel aún es mandar a miles de jóvenes a dar su vida por algo en o que quizás ni siquiera creen, o es algo que sus líderes han conseguido inculcarles. ¿Crees que unas minas valen las vidas de los seres queridos de una ciudad entera?¿Sacrificarías a tu hermana a cambio de ganar una batalla por el control de unos pozos petrolíferos?¿o irías tú mismo a luchar en una guerra que tu gobierno ha provocado por demostrar su potencial, o por un concepto de libertad que quizás no es el tuyo?
-Quizás, si eso significa la libertad y poder decidir el destino de tu nación.-dijo el joven sin apenas escuchar la pregunta. Con el ceño fruncido y los brazos en jarra, no comprendía que su abuelo no coincidiera con él.
-Pues yo no. No te cambiaría por el destino de todas las naciones. Prefiero enfrentarme a un cambio de mi estilo de vida, a dejar mi idioma, mientras os tenga a mi lado.
-Pero tendremos que conseguir la justicia, ¡Luchar por nuestros derechos!
-¡¡Pues claro que sí!! ¡Pero nunca a través de las armas y la muerte! Desde el momento en que el hombre impone una idea por la fuerza, esta pierde sentido aunque sea la ley más justa. Confiemos un poco en el ser humano, y tengamos fe, hay que luchar, pero con la palabra.
-La palabra no funciona, los cañones siempre sonarán más alto. Daría mi vida por hacer vuestra vida mas fácil y nuestras leyes más justas.
-Eso es lo que no entiendes. Si te perdiese, de nada me serviría lo demás. No quiero una libertad que no pueda compartir contigo.

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El Asedio de Sest (parte 2/2)

Ser Kelsen salió de su tienda poniéndose los guantes, aquella iba a ser una larga noche. Llegó a su encuentro su caballerizo, pero traía un corcel que no era el suyo.

-Lo siento, mi señor, se encuentra gravemente enfermo, mucho me temo que no sobrevivirá a esta noche.- El caballero asintió y cogió las riendas de su nueva cabalgadura. Aquello era un mal presagio, durante todo el día había estado en perfecta forma, llevaba varios años con él y le había cogido mucho cariño. Resignado, suspiró y montó.

El joven Breck avanzaba despacio en su yegua gris. Estaban ya a varias leguas del campamento, pero aún así cuando miraba atrás podía ver el mar de luciérnagas que formaban las antorchas. Comandaba un grupo de una veintena de soldados que escoltaban a los huidos del castillo. Era impulsivo y valeroso, y había pedido quedarse para la batalla, pero sabía que una orden era una orden. Los soldados caminaban en siencio, pero desde hacía un rato, los escoltados andaban mientras repetían unas extrañas palabras en un idioma que era incapaz de reconocer. Algunos incluso lloraban, gritaban y se arrodillaban hasta que algún espadero les ayudaba a levantarse y le instaba a seguir amablemente. Estaba desconcertado, pero no podía hacer más que continuar andando.

Los tambores de guerra vibraban en la noche. Había luna nueva, y la única luz era la que desde las antorchas proyectaba las sombras de hombres y bestias, lanzas y espadas, bailando en una danza de la guerra. Sonaron los cuernos. Profundas llamadas a la batalla, millares de hombres comenzaron a andar, despacio. Los bueyes arrastraban las catapultas para que tuviesen a tiro el castillo, la caballería formaba en cuña y avanzaba junto a la infantería con un elegante paso. Ser Kelsen avanzaba delante de sus hombres. Era la mejor manera para darles valor, con una enorme tea en la mano que lanzaba destellos en su armadura plateada.

Sin embargo, algo extraño ocurría. Algunos hombres caían al suelo con un ruido sordo. Al principio dos, tres…pero pronto caían por decenas. Un pánico se extendió por el ejército. La disciplina mantenía a los hombres, pero el miedo era patente. El caballero se dio la vuelta para ver qué sucedía. No podían estar muriendo por flechas, no estaban al alcance, no podía ser por rebeldes, porque morían hombres por doquier. Se acercó a un cadáver y desmontó. Tenía la cara hinchada, y a la luz de las llamas aparecía de un enfermizo color azul. De inmediato se apartó…la peste azul, algo se sacudió en su interior, hacía décadas que no había un brote de aquella enfermedad. Se transmitía por el contacto de la piel y causaba la muerte a las pocas horas del contagio. Había causado masacres de millares de personas, ciudades devastadas….y ahora estaba en medio de su ejército.

Aprisa, montó en su caballo y empezó a gritar órdenes. Se retiraban, ordenó que nadie tocase a nadie, que no se acercasen a los cadáveres, aunque sabía que quizás todo fuese inútil, aquello iba a ser una masacre. Miró a la ciudad y vio silenciosos centinelas en las almenas contemplando lo que ocurría. Entonces fue cuando cayó en la cuenta. Todo estaba planeado, los asediados no pretendían vencer luchando, sino haciendo enfermar a los atacantes, pero ¿como lo habían contagiado a su ejército?

La gente caía al suelo alrededor suyo, el caballo, agitado parecía a punto de desbocarse, curpos hinchados y azules comenzaban a tapizar la pradera, mientras los demás hombres corrían de vuelta al campamento. Pero allí no encontrarían seguridad, luchaban contra un enemigo del que no se podía huir.

Ser Kelsen sufrió un mareo, de repente todo daba vueltas, no podía mantenerse despierto. Pestañeó, pero cuando abrió los ojos estaba tirado en el suelo, mirando el cielo estrellado sin luna. La antorcha había caído cerca suyo, y le permitió ver su mano tras quitarse el guante. Una mancha azul se extendía desde el dorso…desde donde había recibido el beso del campesino que había salvado de las flechas del castillo.”Oh, mierda” pensó mientras cerraba los ojos por última vez.

Breck contemplaba impotente como caían tanto los fugados que estaban escoltando como la mitad de sus hombres. Conocía qué les estaba pasando, a pesar de ser joven, había oído mil veces historias sobre aquella maldición de enfermedad y sus síntomas. Dando órdenes de permanecer allí a los hombres que parecían no haberla contraída partió al galope de vuelta al campamento. Tenía que avisar a todos de lo que pasaba, tendrían que aislar a la gente antes de que el contagio provocase una catástrofe, esperaba que no fuese demasiado tarde. Casi volando por la pradera veía a lo lejos las miles de antorchas avanzando hacia la ciudad. No iba a llegar a tiempo, estaba demasiado lejos, pero tenía que hacer lo posible.

Una hora después llegó al campo de batalla. Aunque no había tenido lugar ninguna, el resultado era parecido, apenas un par de centenares de supervivientes habían montado un pequeño campamento. Los reyes y los grandes señores habían muerto o desaparecido, entre ellos Ser Kelsen, al que buscaba, así que tuvo que buscar a quién estaba al mando, un Señor menor llamado Ser Doner. Breck sabía que lo que tenía que decir ya no tenía ninguna utilidad, pero fue a su tienda de todas formas. Tras pedir permiso a los centinelas entró en ella. Dentro estaban reunidos media docena de oficiales, con caras ojerosas y entristecidas. Breck dio su informe. Los fugados del castillo habían sido enviados para contagiar en los ejércitos atacantes la peste azul, eran una panda de fanáticos que habían elegido dar su vida para que su reino venciera, las flechas fueron para darles crédito, para que se confiasen con ellos.
Ser Doner suspiró y le dio las gracias, en realidad ya lo sabían. Habían perdido a noventa y cinco de cada cien hombres del Norte y el Oeste. El sur, como estaba separado por el río no había tenido bajas, pero ahora marchaba contra ellos.

-¿Como?-preguntó Breck-No puede ser, si su familia real está capturada en la ciudad.

-No, fue todo una sucia artimaña. Ellos y el rey de Sesher, el reino del Este, confabularon para conseguir esto. Finjieron el rapto para juntar nuestros ejércitos y con la peste azul diezmarlos, por eso se quedaron al otro lado del río, y por eso en todos los pueblos no hubo resistencia. No han tenido casi ninguna baja, y ahora no nos quedan soldados para defendernos del poder del Sur y el Este unidos. Solo nos queda la rendición.

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El Asedio de Sest (parte 1/2)

Ser Kelsen se preguntaba como habían llegado a esa situación, hace apenas unas lunas se habría reído si le dicen que tendría que asediar aquella ciudad.
Tres enormes ejércitos habían avanzado por las praderas del reino rebelde de Sesher, el reino del Este, sin haber encontrado apenas resistencia. Los numerosos pueblos que habían ido dejande detrás suyo se habían rendido, comprando la paz con promesas de nuevos impuestos y juramentos de pleitesía a alguno de los otros tres reyes que gobernaban en el continente.
Los cuatro reinos siempre habían convivido, con sus más y sus menos, inevitables entre vecinos, pero sin llegar nunca a un enfrentamiento cruento. Sin embargo, hacía tres lunas el reino del Este había pedido el control sobre todas las tierras rodeadas por el Amplio Mar, o lo que era lo mismo, la soberanía sobre todo el continente, a cambio de liberar a la familia real del Sur, secuestrada durante una visita de cortesía.

Negándose a aceptar dichas condiciones, tres ejércitos de sendos reinos, con la práctica totalidad de los soldados con los que contaban habían avanzado sobre la ciudad, Sest, donde mantenían a los rehenes. Grandes regimientos de centenares de nobles caballeros haciendo ondear sus estandartes al viento, seguidos por varios miles de disciplinados soldados haciendo retumbar la tierra con los pasos marcados por los tambores habían llegado hasta las cercanías de la gran urbe amurallada, y habían acampado fuera del alcance de las flechas y las catapultas del gran castillo que se alzaba imponente en la ciudad, negro e imperturbable sobre los acantilados contra los que el Amplio mar mantenía su eterna lucha.

Ser Kelsen cabalgaba al paso por el campamento de Portgard, el reino del Oeste mientras observaba el río que desembocaba al pie de la escollera que rodeaba la parte este del castillo y separaba los campamentos de los ejércitos del Norte y el Oeste del del Sur. Perdido en sus pensamientos, dejaba que su caballo eligiese el camino, hundiendo sus herrados cascos en el barro. No entendía como habían sido tan osados como para amenazar al resto de reinos, sabiendo que no tenían ninguna oportunidad. Los asediantes ganaban a los defensores en proporción de cinco a uno, y aunque el castillo estuviese bien defendido, la falta de alimentos acabaría minando sus fuerzas y provocando una rendición o puede incluso que una rebelión. Suspiró, su hogar estaba lejos y todo aquello le parecía un sinsentido…sospechaba que el Rey del Este había perdido el juicio.Entonces escuchó un grito, y una catapulta lanzó una gran roca sobre la ciudad. Cabalgó hacia el lugar y se encontró a un grupo de soldados gritando y riendo mientras daban vueltas a la manivela para preparar el artefacto para un segundo disparo. Enfadado les reprendió, desde allí las rocas llegaban solo a la ciudad que rodeaba el castillo, y no a éste, solo conseguirían hacer daño a gente inocente. Irritado se alejó de allí, no comprendía como en tiempos de guerra algunos hombres perdían lo que les quedaba de humanos y disfrutaban haciendo daño…lanzar rocas contra casas de campesinos…no ganaban nada con eso.

Iba a anochecer, y tenía que reunirse con los otros Señores en el consejo de guerra de todas las noches, tendría que aguantar como siempre la discusión entre Byb el Entronado, Rey de Norte, que proponía acabar de una vez con todo y atacar, y Yeseos el Valiente, que defendía la opción de aguantar hasta que se rindiesen por falta de alimentos. El apodo del Rey del Oeste le fue puesto no sin cierta guasa por el populacho años atrás por su tendencia a no mover un dedo pasase lo que pasase. Ser Kelsen estaba a su servicio y en él recaía la tarea de dirigir el ejército en la batalla. Pero de camino a la tienda Real, vio como unas sombras se movían delante de las murallas. Parando su corcel estrechó los ojos para mirar mejor y vio como una decena de hombres y mujeres habían salido de la ciudad por un hueco en la muralla y corrían hacia su campamento.

Sin duda querían huir de la ciudad ante un posible asedio, o incluso ayudar a los atacantes. Entonces las murallas se llenaron de arqueros, que empezaron a disparar sobre ellos. Decenas de flechas caían a su alrededor, mientras muchos hombres de los ejércitos asediantes estaban ya contemplando la escena y animaban a gritos, para que corrieran más y se pusieran a salvo. Cada vez faltaba menos para que saliesen del alcance de los arcos, cuando una flecha alcanzó en la pierna a uno de los rezagados. Un murmullo de desilusión se levantó en la multitud que estaba ya contemplando la precipitada huida. Ser Kelsen cogió entonces el escudo de torre de uno de los soldados que estaba mirando cerca suyo, y picando espuelas cabalgó hasta donde yacía el herido. Bajó del caballo cubriéndose de las flechas con el escudo y subió al herido al corcel, mandándolo hacia el campamento mientras él volvía a pie.

Los fugados fueron recibidos en el campamento con aclamaciones, cuando dijeron que habían traído información para asaltar el castillo y gritaron todo tipo de insultos contra el Rey rebelde. Les acogieron con abrazos, jarras de hidromiel y jabalí asado….pero cuando llegó Ser Kelsen el recibimiento fue el de un héroe. Cientos de hombres golpearon sus escudos con sus armas en una ovación al gesto de honor del caballero. Él sabía que no era para tanto, pero los soldados necesitaban buscar excusas para celebrar algo, cualquier alegría en la guerra tenían que aprovecharla, porque siempre podía ser la última. El hombre herido cojeó hasta el caballero, le dio las riendas del caballo mientras se arrodillaba. Éste se quitó el guante según la costumbre y le dejó que le besara la mano, lo que significaba que se le debía la vida.

Aquella noche la pasaron interrogando a los hombres y mujeres huidos de la ciudad. Dieron gran cantidad de información importante, las debilidades de la muralla, los turnos de vigilancia en las almenas, las fuerzas con las que contaban….con lo que se acabó decidiendo que la próxima noche caerían sobre la ciudad.

Aunque habían ayudado mucho, al amanecer les enviaron escoltados a un pueblo cercano, para prevenir una posible traición, mejor mandarlos lejos y asegurarse de que no pueden causar problemas, porque a pesar de todo lo que habían dicho, no sabían nada de ellos antes de que saliesen de la muralla.

Todo el día los campamentos fueron un bullicio constante. Se afilaron las espadas, las lanzas y las hachas, se dieron órdenes a los oficiales inferiores. Los caballos relinchaban inquietos, intuyendo lo que se avecinaba. Al anochecer todo estaba listo para la batalla, miles de antorchas iluminaban los tres ejércitos, separados por el río, reflejándose su luz en el agua y en las pulidas armaduras de los caballeros. Ser Kelsen salió de su tienda poniéndose los guantes, aquella iba a ser una larga noche…

Posted by Hoijof in 15:38:44 | Permalink | No Comments »

Curanderos, chamanes y sanadores: Medicina mágica


Despreciados y difamados por la medicina oficial, los médicos-tradicionales, brujos, meigas, marabús y curanderos de todas las culturas, poseen desconcertantes conocimientos botánicos y fisiológicos que, sin embargo, podrían enriquecer nuestro conocimiento de la enfermedad y la lucha contra el dolor. Hemos recorrido diferentes países de Africa, América y Europa, para conocer in situ a los médicos-tradicionales de distintas culturas.

Supongo que muchos turistas, que buscando repelente de insectos, preservativos o aspirinas, hubiesen entrado en aquel local de La Habana se sorprenderían ante el cartel que presidía las estanterías semivacías de la céntrica farmacia: “Aquí usted puede adquirir su Medicina Tradicional Natural”. Ese sencillo cartel supone un excelente síntesis de la pacificación entre medicina alopática y homeopática que ha llegado a Cuba. Uno de los países que posee los médicos con mejor formacion académica y que, sin embargo, no teme acoger la medicina tradicional en su seguridad social, en sus hospitales, y en sus farmacias… ¿Cuál es el secreto? ¿Acaso la medicina oficial en Cuba presta crédito a los curanderos y sanadores (charlatanes para muchos) que en el resto del mundo los Colegios Médicos persiguen como a la peste? ¿Se trata de un ejemplar ejercicio de tolerancia y reconocimiento al saber de nuestros mayores…? Sólo en parte.

El bloqueo que sufre el pueblo cubano hace que los medicamentos escaseen en toda la isla, y las “famélicas” estanterías de aquella farmacia eran un buen ejemplo. Y a causa de esas carencias farmacológicas, a los médicos “oficiales” no les quedó más remedio que acudir a los “hierberos” y a los “médicos tradicionales” que, desde hace generaciones, sanaban a sus vecinos con extraños hungüentos y pócimas mágicas… De esta forma, llevados por la necesidad, la moderna medicina “científica” y la tradicional medicina “mágica” han encontrado en Cuba su punto de intersección.

En diferentes viajes a la isla médicos, ATS y personal sanitario de toda índole nos comentaron los beneficios que la medicina tradicional puede aportar a la ciencia médica. Mas aún, algunos incluso nos acompañaron a las consultas de esos “médicos-brujos”, que convinan la farmacopéa natural, la manipulación de “las energías”, y sistemas de diagnóstico que rayan lo extrasensorial… Algo que solo habíamos visto antes en Africa, la cuna de esa misma medicina tradicional cubana, y de toda la humanidad.

Farmacopea de la selva
“Cuando yo era niño, mi zona natal fué invadida por una plaga de langosta. Un anciano, vecino nuestro, quemó una “medicina” en su campo para alejarla. Al cabo de unas horas, las langostas habían arrasado todas las cosechas, hierba y árboles de la zona, dejando a todo el mundo con la aterradora perspectiva de una próxima época de hambre. Con mis propios ojos vi que, a pesar de que todas las cosechas limítrofes estaban devastadas, la cosecha de mi anciano vecino había permanecido intacta. Había oído hablar antes de los increíbles poderes de las “medicinas tradicionales”, pero era la primera vez que las constataba personalmente…”.

Quien ésto nos cuenta es un observador excepcional del folcklore, tradición y filosofía africanas, el Dr. John Mbiti. Nacido en Kenia en 1931, John Mbiti tuvo la posibilidad de cursar estudios universitarios en Uganda, Estados Unidos y Gran Bretaña, donde se doctoró en Filosofía. Pese a ello, jamás perdió el contacto directo con su pueblo, al que viajaba cada año. Esta equilibrada mezcla de tradición y formación indígena y occidental hace del Dr. Mbiti una de las opiniones más objetivas y cualificadas sobre la medicina tradicional africana. Sus obras, Concept of God in Africa (1970), The prayers of Africa (1975), o African religions and Philosophy, entre otras, son valiosas herramientas para comprender el complejo mundo tradicional africano.

Resulta especialmente interesante el testimonio de un doctor en filosofía, profesor universitario y de marcada formación occidental, que confirma tantos relatos espectaculares sobre los prodigiosos poderes de la “medicina tradicional”.

Este concepto de “medicina tradicional” no se limita al tratamiento de las dolencias físicas del organismo humano, ya que en la particular religiosidad y filosofía tradicional africana, el hombre forma parte de un complejo entramado ontológico en estrecha relación con Dios, los espíritus, los antepasados, los animales y plantas y los objetos y fenómenos sin vida… Por esta razón, en los tratamientos para combatir el mal en cualquiera de sus manifestaciones, la “medicina tradicional” africana utiliza en sus diagnósticos, terapias y remedios, herramientas tan diversas y dispares como trances, ungüentos animales, plantas medicinales, espiritismo, mancias, piedras mágicas, danzas rituales, etc.

En sus estudios, el Dr. Mbiti refleja claramente que las diferenciaciones entre los “especialistas” hechas habitualmente por los antropólogos, a saber: brujos, curanderos, hacedores de lluvia, reyes y sacerdotes, normalmente no existen. Con frecuencia, un mismo personaje realiza varias de esas actividades, ocupando, lógicamente, un importantísimo papel social en la tribu o aldea.

Resulta fácil comprender ese “pluriempleo” de los médicos tradicionales africanos, conociendo la estructura de su sistema de creencias. Creencias en las que resulta incomprensible asumir conceptos como virus, tumor, célula, etc. Cuando un niño enferma de malaria, sus padres no pueden aceptar sencillamente que la picadura de un mosquito originó ese mal. Si ese mosquito picó a su hijo y no a otro niño, es por alguna razón, y esa razón aparece siempre ligada a la actividad de un espíritu o a un acto de hechicería.

Tal vez esa concepción mágica de la enfermedad es la que llevó a los colonos, misioneros y “civilizadores” blancos, a despreciar despóticamente a los médicos tradicionales, acusándolos de charlatanes, estafadores y fraudulentos. Y todavía hoy algunos antropólogos, médicos y demás ralea “racional” repite cuan eco aquellas viajas y pretenciosas voces “civilizadas” que considera un engaño cualquier tipo de médicina no certificada en una universidad… lamentable limitación.

Sin embargo, afortunadamente, cada vez más profesionales comienzan a replantearse que, tras esa compleja red de creencias ancestrales que parapetan la curación de los médicos tradicionales, se ocultan conocimientos valiosísimos para el avance de la medicina.

Algunas de las técnicas, aparentemente absurdas, de los médicos-brujo han resultado ser tremendamente efectivas. Pondré algún ejemplo. La mordedura de las serpientes “mamba-negra” es mortal. Se suponía que una persona muere a los cinco minutos de una mordedura. Sin embargo, inmediatamente después de la mordedura de uno de estos reptiles, el médico tradicional cavaba un agujero en el suelo igual a la estatura de la víctima. Quemaba leña en el agujero y lo cubría de hojas medicinales. Una vez quemada la leña, ponía aparte las brasas y colocaba a la persona, ya aparentemente muerta, en el agujero, cubriéndola seguidamente de más hojas medicinales y colocando nuevamente las brasas sobre esas hojas. El carbón no tocaba el cuerpo, pero éste recibía el efecto benéfico de las hierbas a través de los poros de la piel abiertos por el calor. Inmediatamente, la persona vomitaba y recobraba el conocimiento, tras lo cual el curandero le aplicaba otros remedios hasta su total recuperación. La tribu entonces consideraba que el médico tradicional había resucitado al muerto (existen muchos relatos de estas supuestas resurrecciones aparentemente milagrosas). Recientemente, la ciencia ha llegado a descubierto que la serpiente “mamba-negra” produce una catalepsia a la víctima antes de la muerte real, la cual se produce una hora después de la mordedura.

Efectivamente, no se trata de una resurrección, pero lo cierto es que el médico tradicional sabía, por alguna razón desconocida (probablemente relacionada con la observación de los animales), que el enfermo sólo estaba en coma, y conseguía sanarlo a través de un sistema tan espectacular como éste.

Otro ejemplo: en Zambia existe un tipo de árbol que al ser cortado expulsa un líquido que, al alcanzar el ojo humano daña gravemente la retina en poco tiempo. Cuando esto sucede, el médico tradicional trae a una nodriza. Esa mujer echa unas gotas de leche de sus senos en el ojo herido y éste se recupera inmediatamente.

Para el indígena africano ni la mordedura de la serpiente ni la savia que daña su ojo son casuales. ¿Por qué es precisamente él quien sufre ese daño y no otro? La causa última siempre es localizada en la brujería, los espíritus o similares. De ahí que el remedio físico de urgencia haya de ser complementado por remedios espirituales. Algunos personajes que tuvimos oportunidad de conocer en Centro-Africa son sumamente representativos al respecto como Ñao, el hechicero de Ionasa, o Yangia, curandero mozambiqueño.

Estos personajes, como Ñao, presentan un inquietante aspecto. Con el cuerpo protegido por una especie de “armadura” de paja y ancho antifaz, junto con su hacha de piedra, sabrán espantar a los malos espíritus que traen la desgracia. Sus danzas y escalofriantes gritos aterrorizarían al más pintado… vivo o muerto. Doy fé de ello. Pero sería un error detenerse en sus estrambóticas danzas, y en su ridículo aspecto para enjuiciar su magia. Más allá de esas creencias ancestrales, que Ñao heredó de sus mayores, se ocultan los conocimientos de generaciones y generaciones de nativos, que han sabido desentrañar los secretos de la selva, para curar el dolor de sus semejantes…

Fórmulas mágicas y ungüentos secretos

Hace pocas semanas, en un mercado de Noadibou, en la frontera de la República Islámica de Mauritania, podíamos fotografiar a algunos “marabus” (médicos tradicionales islámicos) comercializando sus ungüentos secretos y sus extrañas pócimas mágicas. Pócimas y ungüentos muy similares a las que habíamos visto en otros mercados parecidos, en otros puntos de Centro-Africa.

Más allá de los productos vegetales, las sales, las arcillas e incluso los excrementos animales son útiles en la farmacopea de la selva. La boñiga de vaca, por ejemplo, entra en una fórmula contra la hepatitis, la de gallina contra la enuresis, etc.

No es fácil, sin embargo, conocer el contenido íntegro de las recetas tradicionales. Los curanderos, absolutamente discretos en su trabajo, guardan infinidad de secretos. Habitualmente, por ejemplo, presentan a su paciente el remedio molido, precisamente para que no pueda conocer los ingredientes.

Algunos misioneros y cooperantes occidentales, fascinados por esos secretos mágicos, han dedicado su vida a estudiar los efectos curativos de esas formulas secretas, llevándose grandes sorpresas. De hecho, voces tan autorizadas como el Dr. Juan Bartolomé Martín, Coordinador de la Ayuda Humanitaria Española en el Tercer Mundo, y médico con gran experiencia en Somalia, Ruanda, etc, nos confesaba su admiración por los conocimientos botánicos y médicos de los brujos y hechiceros tradicionales en Africa, la India, Sudamérica, etc. “¿Sabes que incluso hay algunos que son capaces de controlar sus constantes vitales hasta casi detener su propio corazón” -nos confesaba el Dr. Bartolomé hace pocas semanas en pleno desierto del Sahara-. Más aún: existen algunos casos en los cuales nativos graduados universitarios de vocación tardía, colgaron de pronto su título para retornar a sus aldeas y convertirse en curanderos.

Eso ha facilitado la convivencia de medicina convencional y curanderismo en Africa. Hemos visto personalmente muchos ejemplos.

En Nwabala (Malawi) nos reunimos con el Dr. Herman Nknoma (los indígenas llaman doctor a cualquier sanitario o practicante), responsable de un centro médico de la zona. Tras una larga conversación, el Dr. Nknoma nos muestra la “despensa de medicamentos”. La imagen es caótica: una estantería de madera alberga unas cajas de aspirinas, algunas de preservativos, alcohol, vendas y poco más.

“Igual que en otras muchas poblaciones indígnas del mundo -confiesa Herman Nknoma- los médicos no tenemos más remedio que convivir con los curanderos, porque resulta materialmente imposible disponer de medicamentos para todos los enfermos”. Este planteamiento resulta absolutamente comprensible teniendo en cuenta que en algunas semanas, hasta dos mil enfermos han pasado por el centro médico que el Dr. Nknoma dirige con la única ayuda de un grupo de voluntarios mínimamente instruidos. Las palabras del Dr. Nkoma podían haber sido produnciadas por el farmaceutico de La Habana para resumir la identica situación de ambas medicinas…

La mágica medicina afroamericana

Una parte de esa esencia mágica africana fué trasladada a América durante los siglos XVI y XVII. En esa época, los países europeos que habían “civilizado” el Nuevo Mundo comenzaron a trasladar indígenas africanos a tierras americanas en el vergonzoso tráfico de esclavos. A aquellos desgraciados les fue arrebatado todo -hasta a menudo la vida- en el nombre de Dios y de la civilización… afortunadamente algunos pudieron conservar en su interior sólo dos cosas, su religión ancestral, y los conocimientos “mágicos” heredados de sus médicos tradicionales.

De esta forma en Cuba, Jamaica, Brasil, Venezuela, República Dominicana o Haití, podemos encotrar a brujos y curanderos que han heredado de generación en generación, los secretos de esas formulas secretas, y humgüentos mágicos, que vimos en los mercados del Africa Islámica o del Africa negra…

Sin duda el ejemplo más expectacular, e imprescindible, es el increible Putré: el polvo Zombie.

Lejos de ser un producto de extraños sortilegios esotéricos, la zombificación es producto de una excepcional aplicación de la química natural por parte de los bokor -brujos vudú-. El polvo zombie es un compuesto elaborado a partir de un sinfín de productos de origen vegetal, animal y humano que, mezclados en su exacta proporción, producen el veneno más fascinante de la brujería afroamericana.

Extractos de plantas, huesos humanos, tarántulas, sapos venenosos, gusanos y otros ingredientes no menos pintorescos forman parte de ese polvo zombi cuyo principal elemento radica en la tetrodotoxina contenida en el pez-globo haitiano. Esta sustancia es el veneno de origen animal más potente que existe.

Sería largo detallar en profundidad el fenómeno de la zombificación. Baste decir que una vez elaborado el Putré, una auténtica obra de arquitectura química, el polvo es depositado en el suelo donde pisará la victima descalza, o se le soplará a la cara con la ayuda de un guante de goma. El polvo entra en el riego sanguíneo a través de la epidermis. Llega al corazón y produce una muerte aparente. Al menos lo suficientemente aparente como para que los médicos certifiquen la defunción y el “zombi” sea enterrado vivo. Después el bokor (brujo vudú) acudirá al cementerio para desenterrar al “muerto viviente”, haciéndole ingerir otro veneno que lo mantendrá permanentemente drogado y amnésico.

Sin embargo, para los haitianos, los zombis son víctimas de un hechizo que les roba el alma, que los bokor conservarían en una botellas blancas muy temidas en Haití. Ellos no conocen el terrible secreto de sus brujos quienes, de la misma forma que conocen extraordinarias formulas curativas, conocen los secretos más siniestros de las plantas y los venenos de la naturaleza….Y esa interpretación mágica de los zombis, acompañada de la habitual y pretenciosa superoridad del hombre-blanco, ha hecho que durante años la medicina despreciase las posibilidades del Putré, y otros poderosos anestésicos naturales, conocidos por los médicos y brujos haitianos, y que podrían ser muy útiles en cualquier hospital del mundo.

Todavía hoy los bokor y los houngans (sacerdotes) vudú, conservan en secreto la mayoría de sus formulas mágicas. Y confieso que la animadversión que en Haití sienten por los hombes blancos hace especialmente difícil la investigación de esos secretos.

Precisamente las sociedades secretas haitianas, extremadamente violentas en algunos casos, son las encargadas de velar por la confidencialidad de esos secretos, que no han de salir del país en manos blancas…

Psicólogos, masajistas y terapeutas

No cabe dudad de que la musica puede influir en nuestro estado psicológico, y por tanto en nuestra saludo. Los cánticos, las danzas, y las catarsis que suponen muchas veces las celebraciones afro-americanas suponen una excelente terapia para los enfermos. Y eso lo sabían también los médicos tradicionales americanos mucho antes de que llegasen los hombres blancos o los negros con quienes luego serían mestizados.

Herederos de esa tradición médica precolombina son muchos pais de santo del Camdomblé o la Umbanda brasileña.

A pesar de su función religiosa, estos sacerdotes pueden presentar una dimensión médica y terapeútica, como los “medicos mágicos” de todo el mundo.

Yo mismo he asistido a sesiones de umbanda y candomblé, en las que, aparenemente, se produjeron curaciones espontáneas sorprendentes.

En una ocasión presencié como una mujer, que había sufrido un aparatoso accidente, que le había dejado una pierna maltrecha, llegaba al terreiro de Candomblé con una la ayuda de dos familiares, ya que no podía andar por si misma. Durante el ritual el espíritu de Boyadero -un gaucho argentino- poseyó a la Nai de Santo que en todo momento, y a través de la medium que han cabalgado, se mostraba amoroso con la mujer, “como el padre que es con sus hijos”. Fruncía el entrecejo mientras escuchaba su problema, como si verdaderamente lamentase el dolor que sufría su devota. Por fin, comenzó a imponer las manos, y después a frotar enérgicamente la pierna herida. De vez en cuando se levantaba y propinaba fuertes abrazos a la mujer, que se dejaba hacer sin oponer resistencia. Más tarde me explicarían que de esa forma el loa estaba transmitiendo energía al miembro enfermo.

Después de unos minutos, la mujer empezó a doblar un poco la rodilla y volvió por sí misma a su asiento. Cuando, horas después, concluyó la sesión, yo mismo ví a esa mujer abandonar el terreiro por sus propios pies. Una visible cojera y las muletas que llevaba en la mano eran lo único que quedaba de su aparente discapacidad. A los ojos racionales de un escéptico europeo, probablemente fueron los masajes habilmente ejecutados por las expertas manos de la medium los que sanaron a la enferma… porque al fín y al cabo todos sabemos que los dioses del Candomblé no existen… ¿o sí?

Existan o no son muchos los chamanes, médicos brujos y médicos tradicionales sudamericanos que conocen todos los secretos del cuerpo humano, y son capaces de obrar auténticos milagros a ojos de nuestros fisioterapeutas más expertos solo con sus manos y oraciones.

Don Felix Morales Ceballos, por ejemplo, es uno de los chamanes mexicanos más conocidos dentro y fuera de su país.

Nacido hace más de medio siglo en el humilde barrio de Santa Anita, en la localidad de Cuernavaca, fué educado en el seno de una sencilla familia de probres recursos económicos. Desde niño manifestaba una gran energía, siendo un joven inquieto y travieso. Y fué precisamente durante una de sus correrias infantiles como descubrió sus poderes. Un amigo se lesionó seriamente y Don Felix se colocó a su lado, invocó a Dios y curó al niño utilizando solo su propia saliva. Desde entonces consagró su vida a la curación. Durante su entrevista con MÁS ALLÁ Don Félix nos mostró alguna documentación referida a algunas de sus más espectaculares curaciones, “incluso levantar a un enfermo de su silla de ruedas”.

Este conocido chamán mexicano se considera heredero de una tradición mágica ancestral. “Cuando Hernán Cortés llegó a México -nos explicaba Don Félix- llevaba con él soldados, sacerdotes, etc. Pero cuando la reina de España le dijo que le enviaría algunos doctores, él dijo que no los necesitaba, porque en México había mejores doctores. La ciencia, por medio de la naturaleza estaba muy adelantada, y algunos sacerdotes, al ver que aquellos médicos de Moctezuma curaban al momento lo llamaron brujería. Hoy nosotros demostramos esos poderes de curación que nuestros ancestros ya conocían”.

Así en Oriente como en Occidente
Para Don Felix resulta sencillo tratar el cuerpo humano para recomponer huesos, fracturas, etc. Y si él lo hace en el contexto de la tradición mágica precolombina, otros curanderos lo hacen en la tradición mágica europea. Y es que en el Viejo Continente no nos faltan personajes tan legendarios como los chamanes rusos, los brujos mexicanos, los houngan haitianos, los Pais de Santo brasileños, los hechiceros africanos, y otros médicos-mágicos del mundo. Por ejemplo las míticas meigas gallegas.

A medio camino entre la leyenda y la realidad, lo cierto es que las meigas, aunque no creamos en ellas, haberlas haylas…

Las meigas -y meigos-, cuya traducción correcta sería la de sabias -y sabios-, eran (más que son) una especie de “psicoterapeutas rurales”, que hacian las veces de curandero, psiquiatra y asesor del pueblo.

La tradición gallega está repleta de casos ejemplares sobre la genialidad de estos personajes y de su “mágica medicina”. Ana Ferreiro -directora del Centro LAGUZ en La Coruña- y heredera de la tradición moderna de las meigas gallegas urbanas, ha recopilado muchos de esos casos: “Uno de los ejemplos más geniales -declara Ana Ferreiro a MÁS ALLÁ- se produjo aquí mismo, en La Coruña. Un chico obeso acudió al meigo porque tenía una gran depresión; su novia le había dejado; habia perdido el trabajo y se sentía muy enfermo. El meigo lo oscultó con “su magia” y le dijo que debía beber todos los días, antes de que el el primer rayo del sol saliese- agua de 7 fuentes del pueblo. A partir de ese día el joven, que creía estar siguiendo una formula mágica del Sabio, se levantaba al alba, y corriendo recorría todo el pueblo para beber agua de 7 fuentes. Con aquel ejercició comenzó a perder peso, ganó energía, seguridad en si mismo, y al cabo de dos meses su vida empezó a cambiar completamente… Si el meigo le hubiese dicho que su problema era solo que debía hacer footing a diario no le habría hecho caso… Todos necesitamos un poquito de magia en nuestra vida de vez en cuando…”.

Y los médicos tradicionales lo saben. Tal vez por eso salpican sus recetas de oraciones, formulas secretas, y crípticos mensajes… Pero nuestra dogmática ciencia oficial debería ser la primera en realizar una cura de humildad, y saber separar el grano de la paja para enriquecerse de una forma de medicina que, a lo largo de toda la historia, en todos los pueblos del mundo, ha sanado el cuerpo y la mente de millones de seres humanos. Eso sería mucho más inteligente que el pretencoso dogmatismo de atacar como falso, lo que simplemente no conocemos… y tal vez por eso tememos…

ANEXO: La iniciación del médico-brujo en África

Los “médicos tradicionales”, “hombres de la medicina” o wanganga (como se les denomina en suahili y en muchas otras lenguas bantúes) pueden llegar a su profesión de las formas más dispares.

Unos sienten su vocación a edades tempranas; otros en su juventud, madurez o incluso en la ancianidad. En muchas ocasiones, el cargo de “médico tradicional” se transmite hereditariamente. Otros creen haber sido llamados a este trabajo por los espíritus o por los muertos vivientes, y otros son entregados a este oficio aún siendo niños por sus padres. En estos casos, los niños ingresan sin necesidad de su consentimiento en “escuelas tradicionales”, donde bajo rígidos adiestramientos accederán a todos los secretos de la “medicina tradicional”.

Entre los Azande de Sudán, por ejemplo, la preparación de un futuro wanganga comienza a los cinco años con un ritual de iniciación. Tras pasar un examen meticuloso, desarrollado por el que será su maestro, en el cual el aspirante habrá de demostrar que sus intenciones son rectas y honestas, el joven ingerirá una pócima que “fortalecerá su espíritu”. Seguidamente, se le conducirá a la fuente de un arroyo, donde comenzará su aprendizaje de hierbas, árboles y arbustos con los que en el futuro confeccionará las medicinas. Muchos de estos curanderos son célibes y siguen una estricta moral. En esto se diferencian de los brujos, que carecen de ética y buscan hacer el mal.

Llegado el día, el aspirante es iniciado públicamente para que toda la tribu pueda reconocerle como investido del don de la medicina. A partir de ese momento, el nuevo wanganga podrá inscribirse en las asociaciones o corporaciones que agrupan a los curanderos azandes. Desde ese momento, el “médico tradicional” se ocupará de las actividades más variopintas, que irán desde el ritual de “golpear la tumba” (una especie de medicina post-mortem que pretende despertar al muerto para que acuda a la casa del brujo que originó la enfermedad que lo mató y así vengarse para sanar su espíritu) hasta proveer de perchas o “clavijas medicinales” a una nueva casa (un remedio preventivo para alejar la enfermedad de ese hogar), pasando por la elaboración de todo tipo de amuletos y fetiches, como máscaras o figuras, que protegerán al propietario de embrujamientos o “mal de ojo”…

Posted by Hoijof in 15:36:45 | Permalink | Comments (2)

¿Explosión nuclear en la antigüedad?

Una gran capa de cenizas radioactivas fue encontrada en Rajasthan, India en 1992, cubriendo un área de unos ocho kilómetros cuadrados, a 16 kilómetros al oeste de Jodhpur. La radiación es tan intensa que aún contamina la zona.

La zona se caracteriza por el gran número de malformaciones congénitas que se dan en los alrededores. Los niveles de radiación son tan elevados que como medida cautelar el gobierno hindú ha acordonado la zona. Al parecer en las inmediaciones se encuentran restos de una Antigua ciudad que dataría de una época entre hace 8.000 y 12.000 años, y que pudo estar habitada por cerca de medio millón de personas. Un investigador ha estimado que la explosión tuvo que ser de una magnitud similar a la de Hiroshima en 1945.

El Mahabharata describe con precisión un acontecimiento de este tipo: “Un único proyectil cargado con todo el poder del Universo… Una columna incandescente de humo y llamas tan brillante como 10.000 soles se elevó en todo su esplendor… era un arma desconocida, un rayo de hierro, un gigantesco mensajero de muerte que redujo a cenizas a una raza entera”.

“Los cadáveres estaban tan quemados que eran irreconocibles. Su pelo y uñas cayeron, la cerámica se rompía sin causa aparente y los pájaros se volvieron blancos”.

“Tras unas pocas horas, toda la comida quedó infectada. Para escapar a este fuego, los soldados se arrojaron al río”.

El historiador Kisari Mohan Ganguli afirma que los textos sagrados hindúes abundan en este tipo de descripciones. Existen referencias a batallas aéreas y armas de destrucción masiva. Se refiere en concreto a una antigua batalla descrita en el Drona Parva, una parte del Mahabharata: “El pasaje narra una batalla en la que terribles explosiones diezman ejércitos enteros, causando que multitud de soldados, caballos y elefantes fueran barridos como hojas”, cuenta Ganguli.

“En vez de nubes en forma de hongo, el escritor describe una explosión perpendicular que levanta una columna de humo que se abre en forma de paraguas. También hay comentarios sobre contaminación de los alimentos y caída del cabello”.

El arqueólogo Francis Taylor dice que algunos textos encontrados en templos cercanos son plegarias para ser salvados de la luz que podía arruinar ciudades enteras.


En el Mahabharata se describen a la perfección los efectos de una explosión nuclear cuando aún faltaban más de 2000 años para ser descubierta.

“Es desconcertante pensar que alguna civilización pudiera tener tecnología nuclear antes que nosotros. Las cenizas radiactivas aportan credibilidad a estos textos antiguos que describen armamento nuclear”. La urbanización de la zona fue suspendida mientras se continuaba con las investigaciones.

Posted by Hoijof in 15:28:37 | Permalink | No Comments »

La NASA recogió un Ovni que cayo en Argentina el año 1978



En 1978 gente de la NASA visitó el país y se llevó una nave extraterrestre. Así lo revela un investigador de accidentes de aviación de la Fuerza Aérea Argentina que presenció el hecho.

Hace 25 años, en la tarde del sábado 6 de mayo de 1978, se estrelló un OVNI a 20 kilómetros de la población minera La Mamora, departamento de Tarija, en la ladera sur del cerro El Zaire (Argentina). El extraordinario fenómeno, poco divulgado por el sigilo con que se manejó la operación de rescate de la nave y su posterior traslado a una base secreta por científicos y oficiales de la Fuerza Aérea estadounidense, fue registrado y estudiado en profundidad por el investigador argentino Pedro Romaniuk, miembro (en retiro) de la Junta Investigadora de Accidentes de Aviación de la Fuerza Aérea Argentina y autor del libro Argentina, tierra bendita (Platillos voladores sobre América).

El estudioso se ocupa del “caso La Mamora” en el capítulo segundo, subtitulado Cayó una nave extraterrestre, y da pruebas sustentadas en razonamientos científicos de que el objeto que se estrelló en las estribaciones del cerro El Zaire no era un meteorito, un satélite artificial o un proyectil balístico, sino una nave alienígena.

En la tarde del sábado 6 de mayo de 1978, alrededor de las 4.30, un artefacto metálico de forma cilíndrica, que arrojaba humo azulado por la parte posterior, pasó a poca altura a una velocidad de infarto, se impactó contra el cerro El Zaire y provocó un fortísimo temblor al Sur de Bolivia y en la frontera noroeste de la República Argentina. Pequeñas cabañas y otras construcciones mayores se sacudieron y en 60 a 70 kilómetros a la redonda estallaron los vidrios.

El intensísimo “relámpago o fogonazo”, como nunca antes se había visto, fue observado en un radio aproximado de 150 kilómetros. El cabo Natalio Farfán Ruiz, uno de los cientos de testigos del fenómeno, pensó que había llegado el fin del mundo: “Yo no sé lo que podría haber pasado si el OVNI llega a caer sobre las casas. ¿Se imagina? Aquí viven unos doscientos niños. Serían las cuatro y media de la tarde cuando un cilindro lleno de fuego pasó sobre mi cabeza; segundos más tarde se produjo una explosión que hizo temblar la tierra. Le juro que fue horrible, creí que se venía el fin del mundo, pero había que tener valor. Al fin y al cabo yo era la autoridad”.

La terrorífica explosión sacudió cientos de kilómetros cuadrados de zona selvática, montañosa y poco poblada. A 250 kilómetros de distancia, las poblaciones argentinas de Orán, Tartagal, Aguas Blancas y Colonia Santa Rosa percibieron con nitidez la potente explosión y el sacudón sísmico y, a mayor distancia, vieron la intensa luz.

Pero dentro de los 150 kilómetros y a pesar de ser aún de día, la luz adquirió la magnitud de un vívido fogonazo que encegueció por unos momentos a muchas personas. El objeto se precipitó desde el espacio –dotado de una extraña y descomunal fuerza– y se estrelló en las estribaciones del cerro El Zaire, a unos 20 kilómetros de la población minera La Mamora, habitada por unas 800 personas, entre campesinos, mineros y comerciantes.

En otro cerro denominado El Cabildo, a escasos 30 kilómetros del sector del siniestro, se encontraban efectuando trabajos de prospección tres ingenieros del Banco Minero Boliviano, con sede en La Paz, acompañados por Juan Hurtado, agente del Servicio de Inteligencia de la frontera. Los profesionales y el agente, considerados fuentes fiables, fueron testigos del fenómeno y luego declararon en forma terminante: “Todos quedamos inmóviles y aterrorizados ante la presencia de un artefacto metálico muy extraño que pasó silbando sobre nuestras cabezas, a escasos noventa metros de altura. De conformación cilíndrica, sumamente brillante, y de unos cuatro metros de diámetro y más alto que ancho, terminaba en forma cónica. Siguió su trayectoria mientras despedía humo azulado por su parte posterior, en forma perfectamente visible y clara, hasta chocar violentamente contra la ladera de El Zaire. El fogonazo y la explosión fueron tan tremendos que nos hicieron arrojar al suelo, y en ese momento tembló toda la tierra”.

Los eventos de ese apocalíptico sábado, cuando parecía que había comenzado el último día del planeta Tierra, generaron un cúmulo de testimonios contundentes de personas de todos los estratos sociales. El gendarme V. Ortega dijo que vio un gigantesco artefacto brillante que más tarde, al estrellarse, produjo una gran explosión que conmovió a la tierra. La maestra enfermera Teresa Eyerbe, que realizaba sus tareas habituales, declaró: “Mientras me hallaba vacunando a un grupo de niños en el Club de Madres de La Mamora, una terrorífica explosión con una gran luminosidad sacudió el edificio”. Los niños lloraban y gritaban despavoridos agrupados tras la maestra, mientras evacuaban al exterior a todos los que fueron sorprendidos adentro.

Durante el programa nocturno Mónica Presenta, emitido por Canal 13 de televisión, donde se proyectaron durante varios días filmaciones efectuadas en el lugar de los hechos, un alto jefe de la Fuerza Aérea Boliviana manifestó de forma categórica que no se trataba de un satélite artificial, información que luego fue confirmada por voceros de la embajada norteamericana en Bolivia y científicos que concurrieron a la zona.

Se consideró, con las evidencias recogidas hasta el momento y los testimonios de los estupefactos pobladores de la zona, que el objeto era una nave fabricada por seres inteligentes de otros mundos del universo.

El ingeniero Vélez Orozco, que se hallaba realizando tareas para una empresa privada de Tarija, dijo: “La explosión fue mayor que la que produjo un meteorito que cayó el año pasado en la misma región, pero luego de haberse pulverizado en la atmósfera. Mientras que éste era un extraño objeto cilíndrico y metálico de unos cuatro metros de diámetro y forma cónica en su parte delantera”.

La zona selvática de las primeras estribaciones del cerro El Zaire fue declarada zona de “emergencia militar” por las autoridades de Bolivia y se impidió el acceso a los periodistas y particulares. El operador de la Oficina Nacional de Tarija, Mario Puca, informó que desde el día de la explosión todas las comunicaciones tenían interferencias.

Un dato importante y revelador lo proporcionaron varios testigos que dijeron haber observado en dos oportunidades a un segundo objeto efectuar un pasaje sobre el cerro luego del impacto y hacer un seguimiento de cerca al artefacto caído. El doctor Orlando Bravo, jefe de la comisión de científicos designada por el gobierno de Bolivia, perteneciente a la Facultad de Ciencias Puras de la Universidad Juan Misael Saracho del departamento de Tarija, secundado por el geólogo Américo Zenteno, declaró (en una emisión que se escuchó hasta en Misiones) a través de la red de radioaficionados que “había sobrevolado el lugar minuciosamente, observando un cilindro sumamente brillante y metálico en el fondo de la espesa vegetación selvática. Toda la zona presentaba un aspecto desolador y tétrico donde probablemente había radioactividad, por lo cual se tomaban medidas de seguridad”.

El señor Walter Ruiz, jefe de Telecomunicaciones de la zona de La Mamora y receptor de todas las informaciones oficiales, manifestó: “El impacto causó pánico. El gobierno dispuso el envío de tres aviones para ayudar a la búsqueda. La zona fue declarada de emergencia, por temor a que el artefacto despidiera radiaciones como el satélite ruso que cayó en Canadá. Yo no sé qué será, pero les aseguro que es algo grande y que la explosión fue tremenda, tanto que hizo temblar el poblado y trastabillar a la gentes”.

El Grupo Aéreo de Cobertura Militar, con asiento en la base de Tarija, destacó varios aviones, a los que más tarde se agregó un helicóptero, al lugar del impacto. La operación estaba a cargo del teniente coronel Julio Molina Suárez.

Cuando el teniente Osvaldo Prado localizó el punto exacto de la colisión, se fotografió el inusitado y tremendo desmoronamiento en la ladera Sur del cerro El Zaire, donde un enorme hoyo de unos 300/400 metros, con 400/500 de ancho y más o menos 1.500 de largo, quedaba como vestigio indudable del fenómeno. Las rocas graníticas y demás minerales habían desaparecido.

Varios periódicos (Clarín y El Tribuno, y otros de Bolivia) anunciaron el 13 de mayo de 1978: “Un objeto metálico, ovoide, de 3,5 a 4 metros de diámetro, fue avistado en las estribaciones del cerro El Zaire”, planteándose una incógnita que ha trascendido en forma sensacional al mundo entero: ¿se trata de un satélite artificial, de un meteorito o de un OVNI?.

Periodistas del diario El Tribuno de esta ciudad (Salta, Argentina), describieron al objeto como acerado, y advirtieron que la estructura presenta deformaciones, probablemente como resultado del impacto al precipitarse desde la altura. “Está en una hondonada donde hay una espesísima vegetación. Pero refleja el sol”.

Clarín, el 14 de mayo, agregó que el área del fenómeno había sido declarada zona militar y nadie podía ingresar. El 14 de mayo, trasladado con urgencia desde Estados Unidos para determinar la naturaleza de la extraña nave aérea, llegó el primero de los ingenieros de la NASA. La identidad del científico oficial, que en todo momento estuvo acompañado por funcionarios de la Embajada de los Estados Unidos en Bolivia, se rodeó del más absoluto hermetismo.

Como el día 14 no pudo efectuar investigación alguna debido a las malas condiciones meteorológicas, el 15 de mayo se embarcó en el aeropuerto de Tarija en un helicóptero rumbo al lugar de la emergencia, distante a 147 kilómetros y a una hora de vuelo. No fue posible en ningún momento entrevistarlo ni fotografiarlo y por razones de estricta seguridad se prohibió, hasta que no regresara a los Estados Unidos, la difusión de toda la información sobre el objeto: identificación, procedencia y finalidad.

El 18 de mayo, alrededor de las 14.30 hora local, llegaron en un enorme avión turbohélice de la U.S.A.F. a la base aérea de Tarija, además de la tripulación, el coronel W. Simmons y el mayor John Heide, pilotos norteamericanos, que fueron recibidos por el comandante de la base, el coronel Jorge Molina, con el que mantuvieron, en el mismo aeropuerto, conversaciones en relación al artefacto aéreo caído. Luego abordaron el mismo avión, levantaron vuelo, se dirigieron hacia el cerro El Zaire, sobrevolaron el lugar y retornaron a la base de Tarija.

Al día siguiente, una comisión científica procedente del lugar donde cayó la nave, trajo hasta Tarija varias cajas y un enorme bulto envuelto y pesado, que fue levantado por cinco hombres. Utilizando un jeep se trasladó el material secreto hasta las entrañas del avión turbohélice americano de la U.S.A.F., que luego del embarque del coronel Simmons y el mayor Heide, levantó vuelo y no regresó nunca más.

El 20 de mayo de 1978 se suspendió oficialmente la búsqueda del objeto, a tan sólo ocho días del evento que conmocionó a la comunidad científica del mundo entero. Romaniuk, el estudioso del caso, afirma en su prolijo informe sobre el fenómeno que el objeto fue localizado en la ladera sud del cerro El Zaire, extraído por un helicóptero, trasladado al aeropuerto, embarcado en el avión de cuatro hélices y llevado a un laboratorio espacial secreto de los Estados Unidos. Desde ese momento la operación nunca tuvo lugar, no pasó nada en el cerro El Zaire y nadie sabe nada.

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Los hombres se conectan mas a internet que las mujeres

28/11/06 - Estefanía Pérez
Los hombres se conectan con más frecuencia a Internet que las mujeres. En concreto, ellos se conectan todos los días en un 75,1% de los casos, mientras que el 65,6% de las mujeres acceden a la Red a diario, según los últimos resultados de “Comparación y diferencias en los hábitos y prácticas en Internet según sexo” del Estudio General de Internet-EGI.

Con respecto a los días de conexión, mientras que de Lunes a Viernes hombres y mujeres se conectan con idéntica frecuencia, la situación cambia durante el fin de semana, conectándose más los hombres que las mujeres. En concreto, según los datos a los que ha tenido acceso Noticias.com, los sábados se conectan un 83% de los hombre frente a un 71% de las mujeres y el domingo lo hacen un 79% de ellos y un 66% de las internautas.

De todas formas, según Valentín Rico, responsable del EGI, “las diferencias no son tan llamativas”. En cambio, otros factores como el nivel cultural, la edad, la Comunidad Autónoma donde reside el internauta y el poder adquisitivo “son elementos que determinan una brecha digital, pero no el sexo”.

Con respecto a la antigüedad de usuario, son los varones quienes antes se iniciaron en la navegación por la Red, pues un 65,1% de estos lo hicieron hace cinco años o más, frente a un 54,4% de mujeres, cifra once puntos inferior. Las mujeres comienzan a hacer uso de Internet en fechas algo más recientes: el 38,3% son usuarias desde hace de uno a cuatro años, frente a un 29,5% de los hombres para ese mismo período.

Atendiendo al horario más frecuente de conexión a Internet se observan dos pautas diferenciadas entre hombres y mujeres. Mientras que de 8 de la mañana a 6 de la tarde el porcentaje de mujeres que se conecta es significativamente superior al de hombres, a partir de las 6 de la tarde y hasta las 8 de la mañana del día siguiente el porcentaje de hombres conectados es mayor. “Las mujeres se conectan mucho más durante el horario laboral porque en general suelen llevar mucho más el peso del hogar”, ha explicado Rico a Noticias.com.

Existen también diferencias sustanciales en el uso del teléfono móvil y la PDA. En el primer caso este medio es utilizado por un 10.8% de hombres frente un 8.7% de mujeres. En el segundo, la PDA, el 4,7% de los hombres la utilizan para acceder a Internet, cifra que contrasta con el 1,6% de las mujeres.

Según ha podido saber este portal, el porcentaje de hombre con página personal vuelve a ser superior (25,5%) que el de las internautas (14,2%).

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Wednesday, November 22, 2006

Noche

La habitación estaba a oscuras. Era invierno y el frío se colaba en toda la casa, al igual que el viento, que silbaba al atravesar las rendijas de la puerta del balcón. El pequeño Eduardo estaba acurrucado en su cama. Era un niño pequeño para los 5 años que tenía, parecía casi delicado, con piernas y brazos delgados y la cara fina, enmarcada por pelo corto del color de la noche.
A través del silencio el ligero crujido de la puerta del cuarto al abrirse y cerrarse llegó a sus oídos y trató de hacerse el dormido. Había entrado Sergio, su hermano mayor. De catorce años, parecía Ed en grande, también delgado y con el mismo pelo heredado de su madre.
Tratando de no hacer ruido, llegó hasta su cama y se descalzó. Tiró las zapatillas a un lado y se fue al armario a coger el pijama más abrigado que tenía para ponérselo. Tras todo esto, se metió en su cama, tapándose todo lo posible para escapar del frío que invadía todo.

Entonces volvió el silencio. Sergio se revolvió en su cama para tratar de dormirse, pero escuchó algo.
-Ed, ¿te he despertado?-susurró dudando.
La única respuesta fue el viento en la calle, esperó unos segundos atento a ver si respondía su hermano, pero éste en vez de eso contuvo la respiración. El adolescente seguía oyendo cada poco tiempo un sonido que no acababa de localizar. Pasaron así unos segundos hasta que comprendió qué pasaba.
-Oh, Ed estás llorando…-Los intentos del niño por aparentar estar durmiendo no le dieron resultado. Sergio se levantó y se sentó con cuidado a su lado en el borde de la cama- ¿Qué ocurre?.
El pequeño se giró despacio para mirar a su hermano. La almohada estaba húmeda de tanto llorar, llevaba así un rato y la cara se veía muy triste en la penumbra. Congestionado trató de hablar, pero las palabras salían a trompicones, interrumpidas cada vez que trataba de evitar que los mocos cayesen de su nariz con un sonoro trompeteo.
-Ten…t-tengo miedo, …Ser…-dijo, casi disculpándose.
-Vamos, que no pasa nada, ya eres muy grande, sabes que no existen los monstruos…-comenzó comprensivo.
-No, de eso ya no tengo miedo-respondió casi ofendido, pero en seguida volvió a su cara la tristeza- tengo miedo de…os he oído…hoy has dicho….no quiero que me dejéis solo….
-¿Que te dejemos solo? No te vamos a dejar solo nunca, ¿de donde has sacado eso?
-Siempre estáis discutiendo, oigo como mamá te grita, y hoy has dicho que te ibas a ir….para siempre- con las dos últimas palabras, los pucheros se convirtieron de nuevo en un llanto triste.
Sergio suspiró, era verdad que las cosas últimamente no estaban muy bien en la casa, pero siempre intentaban que Eduardo no se enterara, o al menos que lo sufriese lo menos posible, era pequeño y le afectaban mucho esas cosas. Despacio comenzó a hablarle, con voz suave y cariñosa.
-No lo decía en serio, pequeño, ¿como te iba yo a abandonar a ti?, con lo que te quiero-le guiñó un ojo, pero Ed no lo vio-. Es verdad que a veces nos enfadamos y decimos cosas, pero no las decimos en serio, no me voy a ir. Te prometo que voy a intentar no meterme en más líos, así podremos estar todos contentos, como era antes.¿Estás más tranquilo?
Con el índice le presionó la nariz cuando decía las últimas palabras con una sonrisa. Ed también sonrió durante un instante, pero comenzó de nuevo a hablar.
-Tambíén hay otra cosa…
Entonces se oyeron gritos en la casa. En el salón, sus padres estaban discutiendo otra vez. Se oyó un portazo, una puerta que se abría y más gritos.Eduardo se había quedado muy quieto, pero de repente hundió la cara en la almohada y empezó a llorar angustiado. Algo se estremeció dentro de Sergio, como cada vez que sus padres se peleaban, se sentía fatal, quería explotar, decirlo todo, le dieron ganas de salir de la habitación y gritarles lo que siempre pensaba, pero sabía que eso solo empeoraría las cosas. Se mantuvo junto a Ed, y trató de hablarle. Todo aquello pasaría, acabaría bien, volverían a ir al parque juntos, a quererse, todo volvería a ser como antes. Se soprendió a si mismo repitiendo estas palabras, ya se las había dicho a su hermano hacía poco. “Como antes”, ¿tanto habían cambiado las cosas?. Siguió hablando mientras la discusión al otro lado de la puerta aumentaba en intensidad, ya solo podía repetir algunas palabras…. “tranquilo, Ed, todo saldrá bien, todo saldrá bien, pronto acabarán, acabará todo esto, no llores, todo saldrá bien…” pero ya ni él mismo se escuchaba, no creía en lo que decía. Abrazó con fuerza a su hermano cuando él mismo también empezó a llorar y sus lágrimas le resbalaron por el pelo. Fuera ya solo se oía la voz de su padre….

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Guerras

La tensión se respiraba en aquellos dos países, las bromas parecían haberse acabado y por las calles desfilaban sombras con la cabeza gacha y los brazos caídos. Los bares se llenaban, pero en vez de tener el acostumbrado jolgorio y revuelo, estaban cubiertos de silencio, roto únicamente por algún pobre diablo, que ebrio comenzaba a gritar contra el gobierno hasta que una de las múltiples patrullas acudía a devolver el silencio. Ambos países se encontraban en una situación parecida, y ambas poblaciones se sentían oprimidas y temerosas. El conflicto había surgido mucho tiempo atrás y el desenlace se iba acercando a pasos agigantados.

Todo había comenzado por una disputa de límites, de fronteras comunes mal definidas. Las prósperas minas de la región central, que habían comenzado siendo comunes, comenzaron a producir menos, por lo que no se podían cubrir las necesidades de ambos países, que comenzaron a tratar de hacerse con el máximo número de ellas. Aquello desembocó en comunicados hirientes de ambas naciones, manifiestos nacionalistas y todo tipo de protestas ciudadanas de la zona, que veían como cada semana uno de los países reivindicaba sus tierras. La situación se había ido descontrolando, y como una bola de nieve, había ido hinchándose con el odio acumulado tras muchos siglos de la rivalidad que suele acompañar a la cercanía.

Los periódicos hacían eco de las palabras de uno y otro presidente. Mordaces y sarcásticos, trataban de ganarse a su gente a la par que humillar al oponente. En las reuniones de los partidos, se revisaba lo que sucedía y se elaboraba una versión más acorde con sus objetivos para transmitir a sus ciudadanos, hasta que un día la situación fue insostenible y ocurrió lo que unos pocos deseaban y los demás temían. Un comunicado diplomático del país del Este hacía pública la declaración oficial de la guerra al país del Oeste. No por esperada la noticia fue menos sonada, e inmediatamente ambos países se revolucionaron. La gente fue hundida en el caos por los charlatanes de la televisión, que analizaban una y mil veces lo que en principio parecía el mismo hecho y las mismas acciones, pero sin embargo diferían por completo a uno y otro lado de la frontera. Llegó a su máxima expresión la política del miedo de los gobiernos, que clamaban una y otra vez las barbaridades de las que eran capaces los enemigos, y trataban de justificar así las suyas propias. La guerra estaba declarada y el desamparo de los ciudadanos se manifestaba en desolación y un generalizado sentimiento de tristeza, miedo y mucha ansiedad. Las calles ya aparecían desiertas, los bares cerrados y apuntalados y las patrullas policiales cuidaban el toque de queda impuesto para evitar eventuales “reuniones antipatrióticas”.

Entonces aquel fatídico día llegó. Los vencedores se harían con el poder en la zona e impondrían a sus habitantes todo su sistema económico, político y cultural, durante la historia reciente había sido así, una vez declarada la guerra, era todo o nada. Generalmente nada.

Los comandantes de ambos bandos ocuparon sus posiciones. Las mejores mentes que se ponían al servicio de los gobiernos eran educadas en juegos de guerra, y llegado el momento había un conjunto de estrategas listos para comenzar las batallas. Sentados delante de sus pantallas de plasma, ordenaban movimientos de tropas y naves con precisos movimientos de mandos, las dirigían cuando llegaban al combate, organizaban los suministros y animaban a sus soldados.

Cada uno contaba con una fracción del ejército, y según iban siendo derrotados, iban abandonando su puesto. Las balas no volaban en la realidad, y ningún hombre moría, los tanques eran una serie de bytes y los movimientos se controlaban por un simulador. Cuando el país del Este perdió a todos sus comandantes, la guerra finalizó.
Gritos de horror y desesperación ocuparon los salones cuando la televisión anunció el resultado de la guerra al país oriental, toda su vida, su forma de entender las cosas, su cultura….veían como se derrumbaba, dando paso a una cultura, un idioma, unas tradiciones…extranjeras. El peor sentimiento era el de impotencia. Ellos no tenían la culpa, y sin embargo se les iba a imponer un cambio radical de su existencia.
En una pequeña casa, un joven montó en cólera. La pequeña mesa a la que estaban sentados él y su abuelo sufrió el desahogo del adolescente (chocando contra la pared con estruendo, astillándose su esquina) que gritaba al televisor, como si éste pudiese oírle.
-¿Pero como es posible? Es que solo con oír una palabra de todo esto hace que me hierva la sangre, ¿qué culpa tenemos nosotros? Y sobre todo…¿por qué cojones se deciden las guerras por un método tan injusto?
El anciano suspiró, y lévantándose para volver a colocar la mesa en su lugar comenzó a responder con resignación.
-Tienes razón, yo tampoco entiendo como se puede jugar tanto, la forma de vida de tantas personas de una forma tan…tan…estúpida. Pero bueno, desde que decidieron olvidarse del diálogo, supongo que podría ser peor.
-¿Qué? Peor que esto es imposible. En el fondo te la juegas a que tus comandantes tengan un buen día, ¡es puro azar! Tendríamos que hacer algo, luchar, defender lo que creemos.
-¿Preferirías tener que tomar un fusil y salir a la calle a disparar?
-¡Sí!Si crees en algo debes defenderlo.
El anciano había borrado ya la expresión de serenidad de su cara. Las arrugas se pronunciaron y su gesto se volvió serio y casi desafiante.
-Hace tiempo las cosas las resolvían como tú has dicho. Si algo daba lugar a un conflicto, millares de hombres armados de uno y otro país, o incluso hermanos del mismo país salían a las calles, y “defendían” “sus ideas” a golpe de cañonazo y al son del retumbar de las minas antipersona.
¿Te parece esa una buena solución?Está claro que lo que hacemos ahora es completamente injusto y cruel, pero más cruel aún es mandar a miles de jóvenes a dar su vida por algo en o que quizás ni siquiera creen, o es algo que sus líderes han conseguido inculcarles. ¿Crees que unas minas valen las vidas de los seres queridos de una ciudad entera?¿Sacrificarías a tu hermana a cambio de ganar una batalla por el control de unos pozos petrolíferos?¿o irías tú mismo a luchar en una guerra que tu gobierno ha provocado por demostrar su potencial, o por un concepto de libertad que quizás no es el tuyo?
-Quizás, si eso significa la libertad y poder decidir el destino de tu nación.-dijo el joven sin apenas escuchar la pregunta. Con el ceño fruncido y los brazos en jarra, no comprendía que su abuelo no coincidiera con él.
-Pues yo no. No te cambiaría por el destino de todas las naciones. Prefiero enfrentarme a un cambio de mi estilo de vida, a dejar mi idioma, mientras os tenga a mi lado.
-Pero tendremos que conseguir la justicia, ¡Luchar por nuestros derechos!
-¡¡Pues claro que sí!! ¡Pero nunca a través de las armas y la muerte! Desde el momento en que el hombre impone una idea por la fuerza, esta pierde sentido aunque sea la ley más justa. Confiemos un poco en el ser humano, y tengamos fe, hay que luchar, pero con la palabra.
-La palabra no funciona, los cañones siempre sonarán más alto. Daría mi vida por hacer vuestra vida mas fácil y nuestras leyes más justas.
-Eso es lo que no entiendes. Si te perdiese, de nada me serviría lo demás. No quiero una libertad que no pueda compartir contigo.



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